Los 5 requisitos que más valora un juez en la custodia compartida

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Esteban Sánchez Ferrero

Abogado · ICAM 142.875
Derecho de Familia
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No existe una lista automática: todo gira alrededor del interés de los hijos

¿Cuáles son los requisitos para la custodia compartida? ¿Qué mira realmente un juez antes de decidir que los hijos pasen periodos alternos con ambos progenitores?

La primera respuesta es importante: no existe una lista cerrada de cinco requisitos que, una vez cumplidos, garanticen una custodia compartida.

Los jueces deben estudiar las circunstancias concretas de cada familia y decidir qué sistema protege mejor el interés superior del menor.

El Tribunal Supremo lleva años señalando factores como la relación previa de los progenitores con los hijos, sus capacidades, los deseos de los menores cuando puedan ser escuchados, el número de hijos, el cumplimiento de las obligaciones parentales y los informes que existan en el procedimiento.

Y la Ley de Protección Jurídica del Menor obliga a valorar, entre otras cuestiones, sus necesidades físicas, educativas, emocionales y afectivas, su edad, madurez, estabilidad y opinión.

Por eso suelo explicarlo de una forma sencilla: cada familia tiene su propio código de barras.

Dos familias aparentemente iguales pueden terminar con soluciones distintas porque una pequeña diferencia cambia por completo lo que resulta mejor para los hijos.

Dicho esto, existen determinados factores que aparecen una y otra vez en las decisiones judiciales.

Estos son cinco de los más importantes.

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Te lo explico de forma rápida y sencilla en este vídeo.

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1. La distancia entre los domicilios

La ubicación de las viviendas de los progenitores puede ser fundamental.

La custodia compartida implica que los hijos deberán convivir periódicamente en dos domicilios. Por eso el juez no observa únicamente cuántos kilómetros existen entre una casa y otra.

También tendrá en cuenta:

  • La distancia hasta el colegio.
  • El tiempo real de desplazamiento.
  • Las actividades extraescolares.
  • El entorno social de los menores.
  • La proximidad a familiares y amigos.
  • Los medios de transporte disponibles.
  • La edad de los hijos.

Imaginemos dos situaciones.

En la primera, ambos progenitores viven a veinte minutos del colegio.

En la segunda, uno vive a cinco minutos andando y el otro necesita una hora de coche para llevar a los hijos cada mañana.

La distancia entre los domicilios puede incluso ser parecida, pero el efecto sobre la vida de los hijos es completamente diferente.

No existe un número mágico de kilómetros a partir del cual la custodia compartida esté prohibida.

Lo que importa es el impacto real del desplazamiento.

Un caso extremo: 400 kilómetros entre los progenitores

El Tribunal Supremo rechazó una custodia compartida en un asunto en el que existían aproximadamente 400 kilómetros de distancia entre los domicilios.

La menor estaba en edad escolar y el sistema hubiera supuesto importantes desplazamientos, cambios de entorno y dificultades en su escolarización y asistencia sanitaria.

El Supremo consideró que esa organización no resultaba compatible con la estabilidad que necesitaba la menor.

El ejemplo es extremo, pero permite comprender el criterio.

El juez no se pregunta:

¿Puede físicamente el padre recorrer esta distancia?

Se pregunta:

¿Es razonable que el menor tenga que soportar esta organización todas las semanas?

Ese cambio de perspectiva es fundamental.

2. La edad y las necesidades de los hijos

La edad también importa, pero aquí existe bastante confusión.

No existe una edad mínima establecida por la ley para conceder una custodia compartida.

Tampoco existe una regla jurídica que diga que antes de los dos o tres años sea imposible.

Lo que debe estudiarse es la etapa de desarrollo del menor y cuáles son sus necesidades concretas.

En un bebé pueden tener especial importancia:

  • La lactancia.
  • Los horarios de sueño.
  • El vínculo desarrollado con cada progenitor.
  • Quién venía realizando los cuidados.
  • La duración de los periodos de separación.
  • La capacidad de ambos para atender sus necesidades.

Por ejemplo, una lactancia materna exclusiva puede hacer poco razonable establecer inmediatamente periodos de una semana completa alejando al bebé de la madre.

Pero eso no significa que exista una prohibición automática de custodia compartida.

Puede estudiarse un sistema progresivo o periodos inicialmente más breves.

Y si el menor utiliza lactancia artificial, ambos progenitores se han ocupado de él desde su nacimiento y pueden atender sus necesidades de manera semejante, el análisis será distinto.

Conforme los hijos crecen también cambia la forma de organizar la convivencia.

Un sistema adecuado para un niño de dos años puede no ser el más conveniente para un adolescente de quince.

De nuevo: no existe una plantilla válida para todas las familias.

3. La disponibilidad laboral de cada progenitor

Este es otro de los factores fundamentales.

Solicitar una custodia compartida implica poder ejercerla realmente.

El juez puede valorar:

  • Los horarios laborales.
  • El trabajo nocturno.
  • Los desplazamientos profesionales.
  • La posibilidad de teletrabajar.
  • La flexibilidad horaria.
  • Quién puede llevar y recoger a los hijos del colegio.
  • La organización durante enfermedades o vacaciones.
  • Los apoyos familiares disponibles.

No hace falta tener un horario perfecto ni trabajar exactamente de 9:00 a 15:00.

Tampoco es necesario estar desempleado para conseguir una custodia compartida.

Pero sí debe existir una organización realista.

Un caso real de 2025

En una sentencia de mayo de 2025, el Tribunal Supremo analizó precisamente esta cuestión.

El padre solicitaba una custodia compartida, pero su situación laboral presentaba importantes dificultades: existía inestabilidad en su puesto y su horario habría obligado al menor a acudir al colegio aproximadamente dos horas antes del comienzo de las clases.

Frente a ello, la madre contaba con mayor estabilidad, flexibilidad y una red de apoyo efectiva.

El Tribunal Supremo consideró que no debía establecerse la custodia compartida porque, examinadas conjuntamente las circunstancias, ese sistema no ofrecía al menor la solución más favorable.

Este caso muestra bien lo que significa el interés superior del menor.

El problema no era simplemente que el padre trabajara.

El problema era cómo repercutía concretamente ese trabajo en la vida cotidiana del hijo.

¿Pueden ayudar los abuelos?

Sí.

Los abuelos pueden recoger algún día a los niños del colegio, quedarse con ellos mientras termina la jornada laboral o prestar apoyo cuando surge un imprevisto.

Tener una red familiar puede incluso ser un factor positivo.

El Tribunal Supremo ha aceptado que un progenitor cuente con personas de confianza para ayudarle y ha señalado que disponer de menos apoyo familiar que el otro no basta por sí solo para descartar una custodia compartida.

Pero existe una diferencia entre recibir ayuda y delegar sistemáticamente la custodia.

Los abuelos pueden ser los copilotos.

No deberían convertirse en quienes conducen el coche durante toda la semana que corresponde al progenitor.

Si durante los periodos atribuidos al padre los hijos están realmente casi todo el tiempo con los abuelos porque él no puede atenderlos, el juez puede preguntarse qué sentido tiene establecer ese sistema.

4. La existencia de hermanos

Otro elemento relevante es mantener unidos a los hermanos.

El propio artículo 92.10 del Código Civil ordena al juez adoptar las medidas necesarias procurando no separar a los hermanos.

Por eso, si una pareja tiene dos hijos, no es habitual establecer:

  • Custodia compartida para uno.
  • Custodia exclusiva para el otro.

La relación entre hermanos forma parte de su entorno familiar y emocional.

Esto no significa que separarlos sea jurídicamente imposible.

Puede haber situaciones excepcionales en las que resulte beneficioso establecer sistemas diferentes: una diferencia importante de edad, necesidades especiales, relaciones muy deterioradas o la voluntad claramente expresada por adolescentes suficientemente maduros.

Pero deberá existir una razón concreta que justifique esa separación.

La regla práctica es sencilla:

si pueden permanecer juntos y resulta beneficioso para ellos, los tribunales intentarán evitar separarlos.

5. La implicación real de cada progenitor en la vida de los hijos

Probablemente este sea uno de los factores más importantes.

Cuando alguien solicita una custodia compartida, el juez no observa únicamente lo que promete hacer después del divorcio.

También puede mirar qué hacía antes.

El Tribunal Supremo incluye expresamente entre los criterios relevantes la práctica anterior de los progenitores en sus relaciones con los hijos y el cumplimiento de sus deberes parentales.

En la práctica pueden aparecer preguntas muy sencillas:

  • ¿Quién llevaba normalmente a los hijos al colegio?
  • ¿Quién acudía a las reuniones con los profesores?
  • ¿Conoce ambos progenitores su situación académica?
  • ¿Quién los llevaba al pediatra?
  • ¿Quién acudía a las actividades extraescolares?
  • ¿Quién se organizaba cuando estaban enfermos?
  • ¿Conocen ambos sus rutinas?
  • ¿Han participado los dos de forma real en su crianza?

No hace falta demostrar una división matemática del 50 % durante el matrimonio.

En muchísimas familias uno de los progenitores ha trabajado más horas mientras el otro asumía más tareas cotidianas.

Eso no impide automáticamente una custodia compartida.

Pero existe una diferencia importante entre haber realizado menos tareas por la organización familiar y haber permanecido prácticamente ajeno a la vida de los hijos.

No basta con empezar a ejercer de padre o madre cuando aparece el divorcio

Imaginemos un progenitor que solicita una custodia compartida pero:

  • Nunca ha acudido a una tutoría.
  • Desconoce quiénes son los profesores.
  • Nunca lleva a los hijos al médico.
  • No conoce sus actividades.
  • Apenas se ha ocupado de ellos sin ayuda.
  • Durante sus periodos de estancia delega constantemente su cuidado.

Eso puede convertirse en una prueba importante.

No porque exista una competición para determinar quién ha sido «mejor padre».

Sino porque el juez debe decidir si esa persona puede asumir de forma real y estable la mitad de la vida cotidiana de los menores.

La custodia compartida no es simplemente un derecho a disponer de los hijos durante una semana.

Supone responsabilizarse de todo lo que ocurre durante esa semana.

La custodia compartida no se concede automáticamente

Durante años se consideró con demasiada frecuencia la custodia compartida como una solución excepcional.

Esa visión cambió.

El Tribunal Supremo estableció en 2013 que no debía tratarse como un régimen excepcional y que puede ser una solución normal cuando protege adecuadamente el interés de los hijos.

Pero esto tampoco significa:

«Ahora la custodia compartida es la regla, así que se concede siempre».

El propio Tribunal Supremo ha recordado recientemente que no puede convertirse en una solución automática e incondicionada. Cada familia exige un examen individual de sus circunstancias.

No existe barra libre de custodia compartida.

Existe una pregunta:

¿Es este sistema realmente bueno para estos hijos concretos?

¿Importa que los progenitores se lleven mal?

Sí, pero probablemente menos de lo que mucha gente piensa.

Hace años era frecuente utilizar la mala relación entre los progenitores como argumento para rechazar la custodia compartida.

Actualmente, el criterio es bastante más matizado.

El simple hecho de que exista tensión, discusiones o una mala relación después de una separación no excluye automáticamente la custodia compartida.

Sería bastante contradictorio exigir una relación perfecta precisamente a dos personas que están atravesando un divorcio.

El Tribunal Supremo ha señalado que las discrepancias entre los padres no bastan por sí mismas para descartar este régimen.

Para que el conflicto resulte realmente relevante debe alcanzar una intensidad superior a la propia de una crisis matrimonial y repercutir negativamente en los menores.

Por ejemplo, será mucho más importante cuando los hijos:

  • Son utilizados como mensajeros.
  • Presencian enfrentamientos constantes.
  • Reciben mensajes negativos sobre el otro progenitor.
  • Son sometidos a interrogatorios después de cada estancia.
  • Experimentan ansiedad ante los intercambios.
  • Se encuentran atrapados en un conflicto permanente de lealtades.

Entonces deja de ser un problema entre adultos y comienza a convertirse en un problema para los hijos.

Y ahí sí puede pesar de manera decisiva.

¿Y si ambos progenitores están de acuerdo en la custodia compartida?

Todo resulta mucho más sencillo.

Los padres pueden presentar un convenio regulador con custodia compartida en el que establezcan de forma detallada:

  • Los periodos de convivencia.
  • Los intercambios.
  • Las vacaciones.
  • Los gastos.
  • La pensión de alimentos, si procede.
  • Las decisiones escolares y sanitarias.
  • El domicilio de los hijos.
  • Los viajes.
  • Las actividades extraescolares.
  • La forma de comunicarse.

El hecho de existir acuerdo no impide que el juzgado revise las medidas, porque cuando hay hijos menores siempre debe comprobarse que protejan adecuadamente su interés.

Pero un convenio bien preparado permite que sean los propios progenitores quienes diseñen la organización de su familia en lugar de obligar al juez a hacerlo por ellos.

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