Lo normal en un divorcio notarial es bastante sencillo:
los dos cónyuges acuden a la notaría, manifiestan que quieren divorciarse y firman la escritura.
Hasta aquí parece que no hay mucho que discutir y todos lo entendemos.
Pero aparece una situación bastante habitual:
¿Qué ocurre si uno vive en otra ciudad, está en el extranjero o simplemente tiene muy difícil desplazarse hasta la notaría?
Aquí la respuesta tiene bastante más miga.
Lo normal: acudir los dos personalmente
La regla general sigue siendo que ambos cónyuges comparezcan personalmente.
No sirve con mandar el convenio firmado por correo electrónico.
Tampoco basta con llamar a la notaría y decir:
“Sí, sí, estoy de acuerdo con todo”.
El divorcio se formaliza mediante escritura pública (así llamamos a los documentos oficiales que redactan los notarios) y ambos deben prestar su consentimiento.
El artículo 82 del Código Civil habla expresamente de intervención personal y el artículo 54 de la Ley del Notariado exige que los cónyuges presten su consentimiento ante el notario competente.
Pero existe una excepción importante.
¿Puede uno de los cónyuges divorciarse mediante poder?
Sí, en determinadas circunstancias.
Y este es un punto bastante desconocido (y conflictivo).
La Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública admitió en una Resolución de 26 de enero de 2021 un divorcio notarial en el que uno de los cónyuges no acudió físicamente a la firma y otra persona compareció en su lugar.
Ahora bien:
no sirve cualquier poder.
No hablamos de hacer un poder general diciendo:
“Autorizo a esta persona para que se divorcie por mí”.
La Dirección General exige algo mucho más concreto.
Debe realizarse mediante poder “especialísimo”
Para que esta posibilidad tenga sentido, la voluntad del cónyuge debe estar completamente formada antes de la firma.
El poder debe recoger:
- La voluntad inequívoca de divorciarse.
- Las cláusulas íntegras del convenio regulador.
- La persona que acudirá en su lugar.
- Y un contenido suficientemente cerrado como para que esa persona no tenga que decidir absolutamente nada.
La Dirección General utiliza una expresión jurídica curiosa pero bastante gráfica:
el representante actúa como “mero nuncio”.
Es decir, realmente no decide ni negocia en nombre del cónyuge, es una especie de antena que repite la señal para que alcance más territorio, sólo repite la señal el «nuncio».
Por ejemplo:
Juan vive en Chile.
María vive en Madrid.
Los dos están completamente de acuerdo en divorciarse y tienen cerrado el convenio.
Juan podría otorgar correctamente un poder especialísimo en el que quede establecida su voluntad de divorciarse y el contenido exacto del acuerdo.
Otra persona (lo habitual y posible es que sea el mismo abogado/a) comparecería después en España únicamente para transmitir esa voluntad de divorcio.
Entonces, ¿puedo hacer un poder y que otro firme por mí?
Terreno pantanoso, depende.
«¿Por qué? ¡Acabáis de explicar que sí es posible.»
Sí pero la voz cantante la tiene la notaria y el notario, si este no ve legal realizarlo de esta manera no podremos llevarlo a cabo, por lo que antes de realizar ningún paso y sobre todo antes de gastar dinero en un poder el primero y principal es tener confirmado que es posible de este modo con la notaria elegida.
Si bien poco a poco son más las notarias y es lo habitual que lo permitan, lo más recomendable es confirmarlo antes.
¿Uno de vosotros no puede acudir a la firma?
Podemos estudiar vuestra situación, comprobar si encaja la vía notarial y consultar con la notaría la forma adecuada de organizar el otorgamiento.
[QUIERO CONSULTAR NUESTRO CASO]